- El escritor Héctor Tizón dijo alguna vez que así como casi todas las mujeres saben lo que es el amor, muy pocos hombres lo saben. Que el hombre huye de eso porque le teme, porque el amor nos enajena. ¿Reconoce algo de esto en sus personajes?
- Reconozco algo de eso en mí. Yo tengo una idea acerca del individuo que es de extrema soledad, pero no porque tenga una visión pesimista de la vida, sino porque me parece que hay una parte inalienable de soledad en un individuo que nace y que muere solo, y que eso genera un misterio intransferible e incomunicable, y esa experiencia de absoluta soledad da fuerza y motor al intento de comunicarnos, de establecer contacto con los otros, siempre a través de otra cosa: el sexo, las palabras, todas las instancias de intermediación entre los cuerpos que permiten, no erradicar, pero a veces paliar esa soledad inherente a la experiencia humana. De esta manera pienso respecto a los personajes adultos y niños. También me resulta muy seductor el fracaso. Cuando un individuo ha fracasado descubre la potencia de lo nuevo. Cuando aparecen la decadencia y el fracaso, esa persona está en una posición inigualable de resurgimiento. Me gustan los personajes que están en ese borde donde o van hacia su máxima potencia o deciden apagarse, pero es algo que está en sus manos.
Lucrecia Martel,
en
Convivir con lo siniestro entrevista para la Revista Ñ.
Septiembre de 2008.